Un paciente llega a urgencias con disnea repentina, crepitantes bilaterales y una saturación que cae en picado. Se sospecha un edema agudo de pulmón, pero el tratamiento depende directamente del mecanismo causante. Edema agudo de pulmón cardiogénico, lesional o por sobrecarga de volumen: cada tipo responde a una lógica fisiopatológica distinta, y equivocarse de categoría puede llevar a un tratamiento inadecuado.
Conocer los tres principales tipos de edema agudo de pulmón y sus características permite adaptar la respuesta terapéutica desde los primeros minutos. Aquí detallamos qué los distingue en la práctica, desde la exploración del paciente hasta las pruebas de imagen.
Presión capilar pulmonar: el criterio que distingue el edema agudo de pulmón cardiogénico del lesional
Al clasificar un edema agudo de pulmón, la primera pregunta se refiere a la membrana alveolocapilar: ¿está intacta o dañada? La respuesta divide los tres tipos en dos grandes grupos.
En el edema agudo de pulmón cardiogénico, la membrana permanece intacta. El problema se debe a un aumento de la presión hidrostática en los capilares pulmonares, generalmente relacionado con una insuficiencia del ventrículo izquierdo. La sangre se acumula aguas arriba, aumenta la presión y el líquido plasmático atraviesa la pared capilar hasta llegar a los alvéolos. Se produce un trasudado pobre en proteínas.
En el edema agudo de pulmón lesional, la presión capilar puede ser normal. Es la propia barrera endotelial la que está alterada (infección, inhalación de sustancias tóxicas, sepsis), lo que permite que un exudado rico en proteínas y células inflamatorias se filtre al espacio alveolar. En ambos casos, las pruebas de imagen muestran opacidades bilaterales, lo que dificulta distinguirlos con una simple radiografía de tórax.
En la práctica, este aspecto suele subestimarse. Según la definición mundial del SDRA publicada en 2024 (Matthay et al., American Journal of Respiratory and Critical Care Medicine), una imagen pulmonar bilateral no basta para distinguir entre un edema agudo de pulmón cardiogénico y uno lesional. Es necesario evaluar la función cardíaca antes de orientar el tratamiento.

Edema agudo de pulmón cardiogénico: insuficiencia cardíaca izquierda y descompensación aguda
Es el tipo más frecuente. Se presenta en pacientes con insuficiencia cardíaca izquierda conocida, aunque a veces también aparece de novo, sin antecedentes cardíacos identificados. El ventrículo izquierdo ya no consigue bombear la sangre correctamente hacia la aorta, lo que provoca una congestión pulmonar aguas arriba.
Signos clínicos y diagnóstico rápido
El cuadro suele ser llamativo: disnea intensa, ortopnea, expectoración espumosa rosada y crepitantes bilaterales en la auscultación. La presión arterial es un indicador práctico directo. Si el paciente presenta hipertensión durante el episodio, puede tratarse de una crisis hipertensiva como factor desencadenante; en cambio, una presión baja hace pensar en un shock cardiogénico, de peor pronóstico.
La ecocardiografía permite detectar anomalías morfológicas del corazón (valvulopatía, disfunción sistólica o diastólica) y confirmar el origen cardíaco. La medición de los péptidos natriuréticos (BNP o NT-proBNP) ayuda a distinguir una causa cardíaca de una pulmonar.
Tratamiento en la práctica
Se actúa sobre tres frentes en paralelo:
- Posición sentada y oxigenoterapia para mejorar la mecánica respiratoria y la saturación desde la llegada del paciente
- Diuréticos intravenosos (furosemida) para reducir la sobrecarga de líquidos y disminuir la presión capilar pulmonar
- Vasodilatadores (derivados nitrados), si la presión arterial lo permite, para reducir la precarga y la poscarga del ventrículo izquierdo
La ventilación no invasiva (VNI) es una herramienta de primera línea en los casos graves. Reduce el trabajo respiratorio y mejora el intercambio gaseoso sin necesidad de intubación.
Edema agudo de pulmón lesional: cuando cede la barrera alveolocapilar
El edema agudo de pulmón lesional no responde a la misma lógica. La presión en los capilares puede ser completamente normal. El problema se encuentra en la membrana alveolocapilar, cuya permeabilidad aumenta debido a una agresión directa (neumonía, inhalación de humo o de contenido gástrico) o indirecta (sepsis, pancreatitis, politraumatismo).
El líquido que invade los alvéolos es un exudado rico en proteínas, fibrina y células inflamatorias. El resultado funcional es el mismo (dificultad respiratoria aguda), pero los diuréticos son ineficaces e incluso perjudiciales, ya que no hay una sobrecarga de volumen que corregir.
Relación con el SDRA y nuevas definiciones
El edema agudo de pulmón lesional grave corresponde al síndrome de dificultad respiratoria aguda (SDRA). La definición mundial de 2024 (Matthay et al.) amplió los criterios diagnósticos: ahora es posible identificar el SDRA en pacientes que reciben oxigenoterapia de alto flujo o ventilación no invasiva, y se reconoce la ecografía pulmonar como herramienta de diagnóstico por imagen. Este cambio facilita la detección precoz, incluso fuera de las unidades de cuidados intensivos.
La dificultad sigue estando en la zona gris: la insuficiencia cardíaca y la lesión pulmonar pueden coexistir en un mismo paciente. Una sepsis puede descompensar una cardiopatía preexistente y producir un edema agudo de pulmón mixto. La ecocardiografía y el contexto clínico siguen siendo las mejores herramientas para determinar los mecanismos implicados.

Edema agudo de pulmón por sobrecarga de volumen: un mecanismo a menudo iatrogénico
Este tercer tipo a veces se pasa por alto en las clasificaciones, porque comparte características con el edema agudo de pulmón cardiogénico. El mecanismo se basa en un exceso de volumen circulante que supera la capacidad de adaptación del corazón, aunque este funcione correctamente.
Suele aparecer tras una reposición excesiva de líquidos (infusiones masivas en el perioperatorio), en caso de insuficiencia renal con retención hidrosalina o durante transfusiones sanguíneas rápidas. El corazón no está enfermo, pero se ve desbordado por un volumen que no puede gestionar.
El diagnóstico se basa en el contexto: balance de entradas y salidas desequilibrado, aumento rápido de peso y antecedentes renales. La ecocardiografía suele mostrar una función ventricular conservada, lo que descarta una insuficiencia cardíaca primaria. El tratamiento consiste en restringir los líquidos, administrar diuréticos y, en ocasiones, recurrir a la depuración extrarrenal en los casos graves con insuficiencia renal asociada.
En la práctica, la distinción entre sobrecarga de volumen y descompensación cardíaca puede variar según el estado basal del paciente. Un corazón envejecido y con menor distensibilidad tolera mal una reposición de líquidos que un corazón joven sí soportaría. Una evaluación hemodinámica completa, con ecografía si es necesario, sigue siendo clave para adaptar el tratamiento al mecanismo adecuado.



